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CUMPLEAÑOS FELIZ

  Durante el curso escolar muchos de nuestros hijos e hijas cumplen años. No voy a hablar de las diferentes modalidades de celebración, quizás más adelante en otro post. Esta vez quiero hablar de cómo se celebran en clase los cumpleaños. He realizado, una pequeña y sui generis  encuesta, por varios centros escolares de diferentes comunidades autónomas. En muchos centros, se hace como toda la vida, el día del cumpleaños, el niño o la niña trae algo de casa, (luego entraremos a analizar ese “algo”) y se le canta el cumpleaños feliz. En el ciclo de infantil  se le suele hacer una corona,  se le canta el cumpleaños feliz y ese día suelen ser los responsables de clase. En otros centros, han decidido que el alumnado de primaria, ¡qué ya son muy mayores!, ¡qué no lleven nada! ¿Total, para qué van a celebrarlo con sus amigos de clase? Y en otros centros agrupan los cumpleaños del mes, eligen un día y ese día cantan el cumpleaños feliz a los que han cumplido durante dicho mes. El otro día me contaba un amigo que en el colegio de su hijo, tiene tres años, les explicaban que lo hacían así para no interrumpir la clase tan a menudo, porque claro tener que cantar el cumpleaños 25 veces y que repartan un detallito, les hace perder mucho tiempo…. ¿Acaso no es importante ese día en la vida de cualquiera?, sobretodo en la infancia. Esos centros que lo hacen agrupando a varios alumnos  ¿no consideran que el niño o la niña deba sentirse protagonista al menos el día de su cumpleaños? Yo no creo que sea  una pérdida de tiempo sino todo lo contrario. Favorece la autoestima, entre otras cosas. Es decir, un niño de 5 años, pongamos por ejemplo, se despierta feliz porque es su cumpleaños, le felicitan en su casa y se va al cole, pero, ¡ah! ese día no le toca, no le pueden cantar el cumpleaños feliz ni ponerle una corona ni puede repartir el bizcocho con los amigos, lo tiene que hacer el día 15 junto con otros más. ¿Acaso muchos de los adultos no seguimos llevando algo para compartir o invitando a nuestros compañeros de trabajo el día de nuestro cumpleaños? Pero quiero pensar que estos centros donde consideran que los alumnos de primaria ya no deben celebrar su cumpleaños o donde aglutinan los de todo el mes son los menos.   En cuanto a lo qué se puede llevar al cole y lo qué no. Afortunadamente, en casi todos los colegios están prohibidas las chuches, aunque en algunos casos las familias hacen caso omiso. En algunos se puede llevar algo de comida casera, en otros algún alimento envasado  y en otros algún detallito del “chino”. Alegan que por temas de alergias nada de comidas. Pero.. .¿Qué estamos fomentando llevando algo del “chino”?, primero que tu hijo en cuestión haga acopio todos los años de 24 objetos  y segundo desde el punto de vista de la sostenibilidad y el medio ambiente no parece la mejor opción ni mucho menos. En cuanto a lo de llevar alimentos envasados, perdemos el valor educativo que tiene elaborar conjuntantemente algo en casa,  para posteriormente compartirlo con los amigos  y por supuesto, el valor de la alimentación saludable, fomentando así la bollería y productos industriales.  Algunas familias no les damos a nuestros hijos ese tipo de productos. Las escuelas  que no permiten nada casero manifiestan  que esos alimentos no han pasado los controles de calidad. Y las escuelas que permiten alimentos elaborados en casa exponen que es algo mucho más saludable y educativo. ¿Qué hacemos entonces?¿detallito?¿bizcocho casero?¿algo envasado?¿nada?…. Yo lo tengo claro. Aunque, no sé si podré…   Eva Freire.

VIVIR EL PRESENTE

Con el inicio de curso se celebran las consabidas reuniones con los tutores y tutoras de tus respectivos hijos. Cuando llega la pregunta sobre los deberes, yo siempre me tenso, pero hoy no sólo me he tensado sino que me he quedado perpleja, ha dicho una maestra, que los niños de 3º de primaria los fines de semana realizarán otro tipo de deberes. He pensado, bueno,  se referirá a  alguna tarea que implique un aprendizaje más significativo, no ciñéndose a completar los ejercicios de un libro o a escribir enunciados de problemas en un cuaderno para posteriormente resolverlos. Creía, ya  que  es fin de semana y pasan más tiempo en familia, que a lo mejor les mandarían hacer un pastel si están estudiando las medidas, u observar algún tipo de ave o de plantas, ayudar con las cuentas en la compra, etc., etc. Pues cual ha sido mi sorpresa cuando ha dicho que las tareas para el fin de semana serían una redacción. ¡Una redacción! ¿No será mejor que hagan esa redacción el lunes contando algo del fin de semana? Junto con un dibujo libre al poder ser. La cosa no ha acabado aquí, sino que ha empeorado, además de la redacción  lo que les mandarán sobre todo los fines de semana es estudiar!!, ahí ya no me he podido contener y he tenido que intervenir, diciendo: “tienen 8 años, creo que los fines de semana están para descansar y poder vivir otras experiencias más allá de los libros de texto….”, a lo que me ha respondido la maestra: “es que tercero es un curso muy difícil y tienen mucho que estudiar”. En seguida he buscado con la mirada la opinión de la tutora de mi hijo, a la que adoro y afortunadamente ha intervenido diciendo que no cree que los niños tengan que estudiar los fines de semana. Es algo muy extendido y está tan normalizado: los niños tienen que hacer deberes,  que hasta ya se ha convertido  en un axioma. Muchos padres opinan así, muchos docentes opinan así, (no todos) y otros docentes no opinan así pero te dicen que mandan deberes a petición de las familias. ¿Qué estamos haciendo? Los profesores se ampararan en la ley de educación, “es que con la LOMCE  el nivel de exigencia es mayor y no da tiempo”, dicen algunos.  Maestros, maestras tienen ustedes el presente de nuestros hijos e hijas en sus manos,  organizan su tiempo de 9:00 a 16:00 o 17:00 y luego el tiempo de las tareas en casa. Sean conscientes de ello. Les preparan para el futuro, pero no se  olviden de su presente por favor, que es igual o más importante.  Que puedan disponer de  tiempo libre, tiempo de descanso, de ocio, de aburrimiento, de disfrutar con su familia, al igual que lo tienen y lo buscan ustedes.  Respetemos su tiempo. Eva Freire.

Hablamos de acoso o hablamos de comunicación

Cada vez que ocurre un presunto caso de acoso escolar surge con fuerza un debate que, según mi punto de vista, suele quedar cojo. A pesar de la importancia que tiene identificar y abordar de forma adecuada este problema en los centros educativos, me gustaría poner el foco en otro factor que en ocasiones va de la mano: la comunicación. También podría decir la falta de comunicación aunque, como repetimos constantemente los que nos dedicamos a esto, “es imposible no comunicar”. También podríamos poner el foco en otro lado, ya que hoy en día pocos dudan del origen multicausal de muchos síntomas o problemas que padecemos (como el que nos ocupa), pero centrémonos en la comunicación, démosle la importancia que se merece.   Vamos a imaginar que un niño sufre una situación incómoda en clase (falta de integración, aislamiento, burlas…). Vamos a alargar esta situación en el tiempo, de forma que de ser un hecho puntual, pasa a convertirse en una dinámica habitual, que acaba asignando a nuestro protagonista un desagradable rol en el aula. Ahora, sigamos imaginando que el centro escolar de nuestro héroe no detecta esta situación, o mira para otro lado*. Pensemos en un centro escolar que no detecta esta situación en el aula, pero que tampoco lo advierte o actúa en el patio, al comprobar que hay un alumno que suele pasar en soledad los recreos o que se relaciona de forma complicada con sus compañeros. Ahora pensemos en una familia normalizada, que quiere a su hijo y se preocupa por él. Perciben algún síntoma inespecífico, pero no acaban de identificar el problema pues, aunque intuyen que el menor no está contento en clase, no son conscientes de la magnitud del problema y, al fin y al cabo, ¿quien no ha pasado una mala racha en el cole? Ahora pondremos el foco donde quería llegar realmente: el propio niño. No habla, no pide ayuda, desde bien pequeño fue un niño poco dado a expresar sus emociones negativas, pedir ayuda o decir NO. “Él es así, un libro cerrado desde siempre” comentan sus padres. Si bien es cierto que cada uno nacemos con determinados rasgos de personalidad que nos llevan a tener más o menos facilidad para expresarnos y ser asertivos (entre otros rasgos de personalidad), el entorno de ese bebé tiene mucho que hacer al respecto desde el primer momento, ya que éstas son habilidades que se entrenan. Y qué mejor entorno para esto que su familia, su principal fuente de amor, protección e inspiración. Que nuestros hijos tengan conflictos, dificultades, malas rachas, es normal. En casa y fuera de casa. El mejor entrenamiento que pueden recibir para afrontar estas situaciones en el futuro, es en su entorno más cercano y protector: su familia. La tolerancia a la frustración (límites), la canalización correcta de sus emociones negativas, la rutina de una comunicación fluida y positiva, determinados valores. Los celos entre hermanos, los conflictos domésticos que surgen, las pataletas descontroladas… son oportunidades para trabajar estas cosas con ellos. Cada crisis es una oportunidad. Cualquier padre o madre se sentiría más tranquilo si sus hijos fueran capaces de pedir ayuda y transmitir de forma sana sus emociones (positivas y negativas). Entonces, no les preocuparían tanto las dificultades que van a enfrentar, ya que estarían construidas las “autopistas” de la comunicación y podrían pedir ayuda en caso necesario. Hay que tener en cuenta que nuestros pequeños crecen rápido y pronto serán adolescentes, ese momento en el que puede sernos muy útil haber construido una rutina de comunicación fluida, ya que es una etapa tan bonita como complicada (sobre todo en lo que a la comunicación padres-hij@s se refiere). Como decía al principio del artículo, por poner el foco en uno solo de los elementos implicados. Cayetana Egusquiza Psicóloga y terapeuta familiar * Un germen de acoso escolar o dificultad en la integración de un alumno en un centro educativo es una gran oportunidad para trabajar en el aula la cohesión del grupo, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, la amistad y otros valores que deberían, al menos, estar a la misma altura que el rendimiento escolar.